Sinceridad: día 1 de enero

Como siempre, en hábito conviertes los vicios y el mayor de ellos fue siempre escribir al diablo.

Con letra gruesa, matices de violencia y agresividad en cada línea recta. Eres consciente de que todo es mucho más sencillo. Sabes que todas las cosas tienen dos verdades como mínimo, y eres plenamente consciente de que podrías amar a todo aquél que deambule por éste mundo. Y, aún así, le etiquetas. En tu cabeza. Te ha demostrado millones de caras diferentes días y aún así, tú te molestas y le dedicas tiempo, instantes vagos en el baño. Te pierdes en aquél antiguo sucedáneo del rencor y el odio, amigo de la curiosidad y esclavo del mayor psicótico. Dependes de ese scroll mundano y no conoces ya los motivos.

Pasó, efectivamente.

Me alegro de que el resultado sea nulo, aunque sigo odiando que haya tenido que quemar mi autoestima por el camino.


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